Romería de la Virgen de la Alcobilla en San Justo de Sanabria

PATRIMONIO SOCIAL Y CULTURAL

Marcada por su situación, Sanabria antaño estuvo aislada,  conserva tradiciones ya perdidas en otros puntos de la Península Ibérica.

Gaita de fole y tamboril en una fiesta en la comarca de sanabria

Gaita de fole y tamboril en una de las romerías estivales.

Romería de la Virgen de los Remedios en Requejo de Sanabria

Romería de la Virgen de los Remedios, en Otero de Sanabria.

Gigantes y cabezudos en Puebla de Sanabria

Desfile de Cabezudos en las Fiestas de la Virgen de las Victorias, en Puebla de Sanabria.

Sanabria cuenta con una población de 6.312 habitantes, según los datos del censo 2016 del INE. Desde los años 50 viene padeciendo un fuerte éxodo rural y actualmente tiene una densidad de 5,35 h/km², muy por debajo de la media nacional. Este dato es preocupante no sólo por el decrecimiento poblacional evidente año tras año, sino también por el envejecimiento de la población y el fuerte descenso de la tasa de natalidad. En verano, la población aumenta debido a la vuelta de los descendientes de emigrantes, que pese a la distancia y no haber nacido en la comarca, se enorgullecen de sus raíces.

En la actualidad, la principal actividad económica de la comarca está dentro del sector servicios (hostelería), aunque aún se encuentran gentes dedicadas a la agricultura y la ganadería. Los cultivos tradicionales se localizan en pequeños huertos, aquí llamados “cortinas”. Los lunes, en el mercado de El Puente, se pueden adquirir productos cultivados en la zona. La ganadería destaca por la calidad de sus terneros, con una carne muy apreciada. También se produce electricidad, en el salto de Moncabril y en los generadores eólicos del Valle de Lubián.

La comarca de Sanabria tiene una indudable identidad cultural, derivada de su situación en la confluencia entre León, Zamora, Orense y la región portuguesa de “Tras os Montes”. Dado su aislamiento geográfico, se han mantenido muchas tradiciones seculares. Canciones, danzas, costumbres e historias han ido pasando de padres a hijos.

Sanabria también tiene un mapa lingüístico propio que se va olvidando por la pérdida de oficios, costumbres y la emigración. El etnógrafo y lingüista alemán Fritz Krüguer recorrió la comarca en los años 20 y fruto de su viaje escribió el libro “El dialecto de San Ciprián de Sanabria. Monografía leonesa”. Otro de los aspectos de la cultura sanabresa que no ha sobrevivido es la vestimenta tradicional. Actualmente sólo en las fiestas populares y en los atuendos oscuros de los más ancianos recordamos los trajes que antaño vestían mayores, jóvenes y niños.

Multitud de fiestas y romerías, algunas de ellas de origen prerromano y llenas de color y simbolismo, se suceden a lo largo del año. No puede faltar en ellas el sonido de la gaita de fole y el tamboril, las alboradas en la madrugada o las leyendas al calor de la lumbre. Entre sus romerías, de gran fervor religioso, destacan la de La Alcobilla (San Justo de Sanabria) o la de Los Remedios (Otero de Sanabria). Durante los meses de julio y agosto se suceden los festejos, dedicados al patrón de cada pueblo, con orquestas y juegos tradicionales en su mayoría. Al terminar el verano llega la fiesta de La Virgen de las Victorias, en Puebla de Sanabria, donde la pólvora y los toros de fuego son protagonistas.

Sanabria tiene también un estilo arquitectónico singular que ha pervivido con el paso de los siglos. Su situación, el duro ambiente de montaña y la necesidad de que las edificaciones respondan funcionalmente a las necesidades derivadas del trabajo agrícola y ganadero han marcado las construcciones.

Los primeros moradores de la comarca se establecieron en lugares protegidos, principalmente en valles y laderas con buena orientación y abrigo.

En los valles las viviendas se diseminan formando barrios y en las laderas los pueblos se esconden entre la abundante vegetación buscando su protección. Siendo la ganadería la principal fuente de riqueza, el espacio destinado al cuidado del ganado, la “corte”, ocupa la planta baja del hogar sanabrés, aprovechando el calor de los animales para calentar la planta superior. Los gruesos muros son de granito y los tejados de pizarra. Las ventanas son pequeñas para evitar la pérdida de calor. A la planta superior se accede por una escalera exterior de piedra que da paso a un corredor, normalmente orientado al sur. Edificaciones anexas a la vivienda se destinan a pajares, bodegas y cobertizos.

Dentro de la arquitectura popular destacan también los molinos, de pequeñas dimensiones. Su propiedad solía ser compartida entre varios campesinos y estaban apartados del pueblo, en zonas donde el caudal del río no era excesivo. Los hornos, también comunales, estaban distribuidos en los diferentes barrios y su mantenimiento y uso se establecía por turnos.

La mayor parte de las construcciones religiosas de Sanabria datan de los siglos XVII y XVIII, aunque algunas son mucho más antiguas. Edificaciones de interés especial son el monasterio de San Martín de Castañeda, fundado en el s X sobre un cenobio visigodo, el castillo de Puebla de Sanabria (s. XVI) y su ayuntamiento de estilo isabelino.

Casa tradicional sanabresa. Fotografía tomada por Fritz Krüguer en san Justo de Sanabria.

Casa tradicional sanabresa. Fotografía tomada por Fritz Krüguer en san Justo de Sanabria.

 

Pajar tradicional y medeiro de paja en Sanabria. Fotografía de Fritz Krüguer.

Pajar tradicional y medeiro de paja. Fotografía de Fritz Krüguer.

 

Durante el siglo XX varios textos de semanarios de la época reflejaron el aislamiento de los pueblos de la comarca y fue reflejado en la literatura, en la fotografía o en el cine por personajes ilustres de la cultura. En 1930, a raíz de un viaje al balneario de Bouzas, Miguel de Unamuno escribe San Manuel Bueno Mártir. Veinte años más tarde, el productor aragónes Eduardo Ducay recibe el encargo de la Hidroeléctrica Moncabril de rodar un pequeño documental sobre la zona que llevaría el nombre de “Carta de Sanabria”. Carlos Saura, entonces estudiante de la Escuela de Cine de Madrid, le acompaña y documenta el viaje en una serie de fotografías que podemos ver en el libro “España, años 50”. La película de Ducay nunca vería la luz debido a la crudeza de las imágenes que no servían para el fin publicitario que buscaba la empresa. Ya en los años 60, se rodó en el entorno del Lago la película “Maribel y la extraña familia” de José María Forqué, conde participó Adolfo Marsillac.

Fotografía de Carlos Saura en los años 50 en Sanabria

Fotografías tomadas por Carlos Saura en Sanabria en los años 50

 

Fotografía de Carlos Saura en los años 50 en Sanabria