Historia de la comarca de Sanabria desde sus orígenes a la rotura de la presa de Vega de Tera

HISTORIA DE LA COMARCA

Desde sus orígenes celtas al episodio más triste, la rotura de la presa de Vega de Tera. Un recorrido por la historia de la comarca, reflejada también en la literatura y el cine este último siglo.

El origen de la palabra Sanabria se asocia al vocablo “senabriga”, formado por un elemento inicial de origen pre indoeuropeo “sen” (monte) y por otro de origen celta “briga” (fortificación, fortaleza o castro). Otros investigadores indican un origen íbero, vinculando la palabra con “ese” (casa) y “nabar” (planicie entre montañas receptoras de agua). Sanabria, debido a su aislamiento orográfico, ha sido influenciada por las diferentes culturas que por aquí han pasado aunque conservando siempre su ancestral forma de ser.

Monasterio de San Martín de Castañeda, protagonista de la historia de la comarca de sanabria

Monasterio de San Martín de Castañeda.

Iglesia de Santa María del Azogue en Puebla de Sanabria.

Iglesia de Santa María del Azogue en Puebla de Sanabria.

El primer pueblo que dejó huellas evidentes en la comarca fue el Celta. Queda patente su paso en diversos restos de castros y citanias que se hayan dispersos, particularmente importantes en Vega del Castillo, Trefacio, Hermisende y Lubián.

En el siglo V, los Suevos se instalan en los conventus de Lugo, Braga y Astorga. En el año 569 aparece por pirmera vez el topónimo de Sanabria, en las “Actas del Concilio de Lugo, cuando la parroquia es entregada a Orense. Durante el reinado de Suintila, la comarca se convierte en centro de acuñación de moneda.

Tras la invasión árabe, el apogeo del reino astur-leonés trajo una nueva forma de organizar los territorios: los feudos. En el siglo X se restaura el Monasterio de San Martín de Castañeda, de origen visigodo y destruido por los musulmanes, y se apodera poco a poco de los derechos de pesca y las tierras circundantes. Es en esta época cuando se confirma la existencia de una “Urbs Senabrie”, según indican los primeros diplomas del Monasterio.

Su poder crece en los siglos XI y XII como consecuencia de donaciones reales y derechos sobre los campesinos, llegando a tener bajo su mando 150 lugares, entre ellos Puebla. En 1150, Alfonso VII ordena la restauración del Monasterio, y dona el lugar a Pedro Gutiérrez, o San Pedro Cristiano, monje del Monasterio de Carracedo (León). Probablemente este es el origen de la leyenda del Lago, traída y adaptada por los monjes de Carracedo, a partir de un texto del autor del “Pseudo-Turpin”, el libro IV del Códice Calixtino. Los monjes del monasterio, reacios a las reglas del Císter, viven años de conflictos hasta que en 1207 se acogen a la nueva norma.

En el siglo XV, Rodrigo Alonso Pimentel, cuarto conde de Benavente, manda construir el castillo de Puebla de Sanabria, poniendo de manifiesto la importancia que va adquiriendo la villa. Al iniciarse el siglo XVII, como consecuencia de las epidemias y la peste, se diezma la población de la comarca situándola en una tasa de 20 habitantes por kilómetro cuadrado. Con los reinados de Alfonso IX y Alfonso X se revocan progresivamente los derechos monacales. En el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal, el monasterio acaba en la ruina.

El episodio más triste de la historia actual de la comarca se vive la medianoche del 9 de enero de 1959. La presa de Vega de Tera se rompía lanzando sus cerca de ocho millones de metros cúbicos sobre el cañón del río Tera. Una ola gigantesca arrastró todo a su paso, cuando llegó al pueblo de Ribadelago alcanzaba los 10 metros de altura. Muchos de los vecinos dormían y no pudieron hacer nada. De los 516 habitantes del pueblo, 144 fallecieron.

Cerca de la ubicación original se construyó un nuevo pueblo, Ribadelago Nuevo. El juicio sobre la tragedia de Ribadelago se celebró los días 11-15 de marzo de 1963 en Zamora. La empresa Hidroeléctrica Moncabril fue condenada a pagar 19.378.732 ptas. La conclusión fue que las deficiencias en la construcción por los materiales empleados, las bajas temperaturas y las fuertes precipitaciones fueron los responsables de la rotura de la presa.

Portada de La Vanguardia el día después de la tragedia.