Actualmente es fácil encontrar información sobre destinos cuando planeamos un viaje. Pero ¿cómo lo hacían en el siglo pasado? En manuscritos, relatos, memorias y crónicas sobre viajes encontramos interesantes referencias a la comarca sanabresa. Recogemos extractos de varias publicaciones que nos dan una idea de cómo vivían nuestros antepasados no hace tanto tiempo.

En el número correspondiente al año 1852 del Semanario Pintoresco Español (revista española fundada por Ramón de Mesonero Romanos) se describe una excursión a Sanabria en la que ya se hablan maravillas del Lago y sus alrededores:

 

“Partiendo del pueblo de Donce, situado en la divisoria de los antiguos reinos de León y Galicia, por lugares sin caminos llegamos a Trefacio, y continuando, al doblar una loma, se ofreció a mis ojos de golpe, un espectáculo soberbio. Inmóvil sobre el caballo, en lo alto del cerro, veía a mi derecha el convento y pueblo de San Martín de Castañeda, un edificio magnífico; a la izquierda, un bosque intacto desde el diluvio; al frente, una sierra, un peñasco, más bien gigantesco, sin un árbol, sin una mata; a mis pies, el Lago, tan terso y claro que la razón sólo podría conocer que aquella masa del azul más puro era líquido y no cristal. Aunque la mañana estaba avanzada, el sol que asomaba por detrás de la montaña en cuya ladera está el convento, no alcanza a éste con sus rayos, y, sumido en la oscuridad relativa, parecía aún más misterioso y poético; en cambio, lo verde del bosque, el azul del lago y los blanquecinos peñascos de la sierra, en todo su sencillo, al par que grandioso, esplendor, por un momento me creí a la orilla del mar de Cantabria; pero luego, la tranquilidad de aquellas aguas, no alteradas por el flujo, la uniforme superficie que ninguna vela surcaba, me dijeron que si aquello era mar, era como un niño arrancado a los brazos de su madre: era un desterrado aprisionado por aquellos montes.”

 

Fotografía de Carlos Saura

Varios textos de semanarios de la época reflejan el aislamiento de los pueblos de la comarca en el comienzo del siglo. También testimonios, como los de Tomás Navarro Tomás para el centro de Estudios Históricos, sobre viajes de estudios.

Pero es Fritz Krüger (académico, fotógrafo y etnógrafo alemán) quien en los años 20, interesado por la cultura española, describe mejor la vida en la comarca en esa época.

“El hogar es el centro de la vida casera. Aquí se guisa el caldo, el plato sencillo que se compone de verduras, patatas, especias y carne, también aquí se cocina la comida para los cerdos. Aquí se reúne la familia para comer, y las tardes de invierno para charlar e hilar. Junto al hogar la mujer da a luz a sus hijos, costumbre que puede relacionarse con antiguas ideas supersticiosas (…)

Tras los viajes por la comarca y las tierras vecinas publicó varios artículos y estudios especializados, pero sobre todo las obras “Vocablos y cosas de Sanabria” (1925), “La Cultura Popular en Sanabria” (1925) y “El léxico rural del Noroeste Ibérico” (1927). “La Cultura Popular en Sanabria” fue reeditado en 1991 por I.E.Z. Florián de Ocampo. Diputación de Zamora. Caja España, pero al igual que el resto de los libros hoy en día es muy difícil de conseguir.

“Refiriéndonos al lenguaje podemos decir que los viejos y las viejas, las mujeres de mediana edad y los niños usan hoy con toda regularidad el dialecto antiguo (…), que personas del pueblo (como, verbigracia, el maestro y su hijo), que dominan perfectamente el castellano, hablan al mismo tiempo con perfección a la antigua, y que hasta los hombres que han recorrido el mundo, hablando entre si no desechan formas y sonidos del dialecto local ni pueden eliminarlos absolutamente hablando con un forastero (…) En tal pueblo, el dialectólogo no tiene, pues, dificultades para recoger sus materiales (…) Así es que pude servirme en San Ciprián en gran parte de los informes que me proporcionó el joven maestro D. Abelardo Sastre y Sastre, medio que habría y he rechazado rigurosamente en pueblos con estructura dialectóloga diferente.”

Imagen tomada por Krüger en la casa del cura de Ribadelago.

Krüger documentó su viaje con 160 fotografías, de las que publicó la mitad en “La cultura popular en Sanabria” (1925). En 2013 el Instituto de Estudios Zamoranos (IEZ) presentó una publicación con la documentación fotográfica casi completa del viaje (se perdieron 30 fotografías).

Quizás el viajero más conocido, porque dejó la huella de Sanabria en su obra, es Miguel de Unamuno. Debido a una de sus crisis de fe visita el lago de Sanabria en 1930, hospedándose en el balneario de Bouzas.

Inspirado por el paisaje escribe la novela “San Manuel Bueno Mártir”. En el libro de visitas de esa hospedería aparece el famosos poema “San Martín de Castañeda, espejo de soledades…”, con lugar y fecha: “En el Lago de San Martín de Castañeda, de Sanabria, oyendo el rumor de Valverde de Lucerna, sumergida bajo las aguas, el día 1º VI 1930”. En esta obra se recoge también otro poema sobre Valverde de Lucerna, la localidad que según la leyenda yace bajo las aguas del Lago.

Triste es la imagen que encuentran en 1934 los integrantes de la Misión Pedagógica a San Martín de Castañeda. Quedan sobrecogidos por la pobreza de la comarca y así lo transmiten en las Memorias publicadas en 1935:

“Mombuey, Asturianos, Galende, Puebla de Sanabria, dejaron en nosotros el cordial recuerdo de su gozo y la seguridad de haber lanzado en buen surco nuestra semilla. Pero allí mismo, donde el Tera se remansa espeso de peces y consejas, una pobre aldea, asomada en un teso de linares sobre el lago de Sanabria, nos sobrecogió de pronto mostrándonos al desnudo su miseria enferma y desolada, amarga de largos años sin esperanza: San Martín de Castañeda. Niños harapientos, pobres mujeres arruinadas de bocio, hombres sin edad agobiados y vencidos, hórridas viviendas sin luz y sin chimenea, techadas de cuelmo y negras de humo. Un pueblo hambriento en su mayor parte y comido de lacras; centenares de manos que piden limosna…”

Fotografía de Carlos Saura.

Aunque el entorno del Lago tienen un encanto especial pocas son las películas que se han filmado en la zona. En 1938 se rodó en la zona “Romance de Puebla de Sanabria”, en plena Guerra Civil, con la particularidad de que sólo participaron mujeres y niños ya que los hombres estaban en la guerra.

En los años 50 el productor aragónes Eduardo Ducay recibe el encargo de la Hidroeléctrica Moncabril de rodar un pequeño documental sobre la zona que llevaría el nombre de “Carta de Sanabria”. Pretendía ser un proyecto mayor y Ducay rueda mucho mas material del necesario para hacer un documental social con imágenes sobre Puebla de Sanabria, el mercado del Puente, San Martín de Castañeda, Lobeznos, Pedralba, Vigo, etc.. Carlos Saura, entonces estudiante de la Escuela de Cine de Madrid, le acompaña. Como director de fotografía Juan Julio Baena recorre la región de Sanabria para buscar las localizaciones. Ambos documentan fotográficamente su estancia en diciembre de 1954. La miseria que encontraron era tan evidente que el documental no vio la luz por la mala prensa que podría tener. Tendrían que pasar otros 50 años para que aquel corto se mostrara al público.

 

“Todo me recuerda algunas fotografías del film de Buñuel en Las Hurdes. Las calles son un cenagal intransitable… Algunos niños tienen una expresión extraordinaria, a la que contribuyen las greñas y la mugre en que están envueltos. Por estas calles la luz del sol se filtra haciendo más violentos los contrastes y más espeso el color del fango. El río pasa junto al pueblo y lo divide en dos partes. El pueblo es un buen temario para un fotógrafo.”

Escuela en Vigo de Sanabria. Fotografía de Juan Julio Baena.

Ribadelago. Fotografía de Juan Julio Baena.

Carlos Saura inmortalizó su viaje en 14 fotografías que pudieron verse en la exposición “España, años 50” junto a otras realizadas en otros lugares de España en esos mismos años.

“Mientras estudiaba en la Escuela de Cine de Madrid, mi amigo Eduardo Ducay me propuso ir de ayudante en un documental que se iba a llamar “Carta de Sanabria”. Me pareció una experiencia interesante y acepté, con la curiosidad de conocer una parte de España que desconocía. Aquella zona de Castilla, fronteriza con Portugal y Galicia, era de una miseria que sólo había visto en el documental “Las Hurdes” de Luis Buñuel. Casas de tejado de paja, algunas sin ventanas, en las que dormían hombres con animales, calles embarradas sin higiene alguna, carretas de bueyes medievales, mujeres de negro con el pañuelo en la cabeza… Cuando llegamos acababan de inaugurar la luz eléctrica. La mayor parte de las personas que aparecen aquí fotografiadas murieron al reventar la presa del embalse. Desapareció por completo el pueblo de Ribadelago, tragado por las aguas.”

En los años 60 se rodó en la hospedería de Bouzas la película “Maribel y la extraña familia” de José María Forqué, en la que participó Adolfo Marsillach. Muchos viajeros ilustres pasaron por allí, lugar de vacaciones de políticos, artistas e intelectuales que como Unamuno, se inspiraron en la zona. Alejandro Casona, el pintor Jesús Gallego Marquina, el filósofo Agustín García Calvo, la familia Echanove, Terenci Moix o Alfonso Guerra, entre muchos otros.

Fotograma de la película de Forqué en el que se ve el Lago de Sanabria.