El 9 de enero de 1959 se rompió la presa de Vega de Tera y un torrente de ocho millones de metros cúbicos de agua cayó sobre el pueblo de Ribadelago, arrastrando a 144 personas a las profundidades cenagosas del lago de Sanabria. Sólo 28 cuerpos pudieron ser recuperados.

El 15 de enero, sólo 8 días más tarde, se promulgó el Real Decreto por el que se declaraba adoptado el pueblo por el Caudillo y se encomendaba su reconstrucción al Ministerio de la Vivienda. Al día siguiente, el director general de Arquitectura, Don José Manuel Bringas reunió a los representantes de la prensa madrileña para anunciar a bombo y platillo los estudios preliminares que había realizado por encargo del Ministro de la Vivienda, Don José Luis de Arrese.

“Allí realicé los estudios preliminares a la reconstrucción. Y la adopción hecha por el Caudillo se concede en los mismos términos que a los pueblos destruídos por la guerra o que fueron afectados por recientes siniestros. Consiste en reconstruir los edificios públicos y servicios urbanos, completando todo cuanto sea necesario para que los pueblos vuelvan a tener sus antiguas condiciones de vida”.

Entre 1945 y 1969 se llevó a cabo la reforma agraria de Franco. Se construyeron más de trescientos pueblos, sobre todo en Extremadura, Andalucía y Aragón. El Ministerio de Obras Públicas construía las infraestructuras y el Instituto Nacional de Colonización diseñaba y construía los pueblos. Para este organismo trabajaron unos 80 arquitectos, entre los que se encontraban Alejandro de la Sota, Carlos Arniches Moltó, José Borobio, José Antonio Corrales, Fernando de Terán o Antonio Fernández Alba. La construcción de los pueblos se ajustaba a un programa que tendía a la suficiencia y por el cual estaban dotados de una serie de edificios que se agrupaban en torno a una plaza principal y entre los que destacaba la iglesia.

“En este momento se está haciendo el proyecto, sobre la base de construir 70 viviendas y sus correspondientes edificios públicos y servicios urbanos, a lo que se sumará el valor del terreno, cuyo emplazamiento todavía se desconoce”. Comentaba Don José Manuel Bringas a los periodistas. “A los arquitectos se les deja suficiente libertad para realizar sus ideas, pero no cabe duda que el nuevo pueblo habrá de responder a la concepción moderna de la arquitectura, en armonía con las características climatológicas de la región”.

Inicialmente se barajó la posibilidad de construir el nuevo pueblo entre Pozuelo de Vidriales y Santa Marta de Tera, cerca de la dehesa del Chote, por la riqueza de sus tierras. La idea se discutió en un concejo abierto entre los habitantes del pueblo. Finalmente las autoridades, en contra de la opinión de la mayoría de los damnificados, optaron por unas tierras de labor un kilómetro más abajo, junto a la carretera, en un ensanchamiento de tierra junto al río Tera. Era una zona sin tierras de cultivo y alejada de los pastizales, segura y a salvo de otra rotura, pero una zona de umbría en una comarca montañosa.

“El pueblo estará en condiciones de habitabilidad en unos 400 días de trabajo, a partir de aquel en que se determine definitivamente su emplazamiento”.

Un año más tarde, en el aniversario de la catástrofe, el Gobernador Civil de Zamora anunciaba: “Las viviendas de tipo “A”, magníficas, con arreglo a las necesidades de la región sanabresa, están ultimadas en los planos y se han realizado adjudicaciones parciales para comenzar su construcción”.

Dichas viviendas estaban compuestas por cocina-comedor, cuarto de estar, cuatro dormitorios, cuadra, cobertizo para carro, henil, aseo con ducha y corral. Se anunció también como pendientes de aprobación otras veinte, de tipo “B”, con un dormitorio menos. La adjudicación de las obras recayó en la empresa «Huarte, S. A.», con un plazo de ejecución de seis meses.

Imagen del proyecto presentado en la rueda de prensa y proyecto de la nueva iglesia. Foto Archivo Histórico Provincial.

Al mismo tiempo, desde el Ministerio de la Vivienda, presidido por la dirección de los arquitectos Francisco Echenique y Antonio Pereda, se encarga el Monumento a las víctimas de Ribadelago a un joven José Luis Sánchez, actualmente una de las figuras importantes de la escultura contemporánea española. Gran parte de su obra está ligada a la arquitectura, colaborando con arquitectos como Fisac, Carbajal, Fernández del Amo o Antonio Lamela. El monumento se ubicaría en la plaza del pueblo cuando estuviera terminado.

El nuevo pueblo se construyó bajo la dirección de Francisco de Echenique Gómez, Jefe de la sección de proyectos de la Dirección General de Arquitectura en el Ministerio de la Vivienda. Se entregaron 8 viviendas de tipo A, 18 viviendas de tipo B. 26 de tipo C, 14 de tipo D, 6 locales comerciales y de artesanía, 2 locales comerciales y de recreo, Centro Cívico, Casa Rectoral y 2 viviendas para maestros.

La iglesia fue diseñada y construida por el arquitecto Santa Teresa, discípulo del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Las vidrieras del templo se encargaron también a José Luis Sánchez.

Después de la rotura se inició la investigación. Se pidió un primer peritaje y como había diferencias de apreciación, encargó a Eduardo Torroja (celebre ingeniero, constructor entre otras obras de la cubierta del Hipódromo de la Zarzuela, el Mercado de Abastos de Algeciras o las Bodegas Gonźalez Byass en Jerez), en 1961, un segundo informe pericial por ser “de reconocida y mundial nombradía en el delicado problema técnico de la construcción y el cemento” como indica la sentencia. Este segundo informe, fue entregado después de la muerte de Torroja, posiblemente finalizado por su hijo José Antonio. Concluyó que la rotura se debió a los deficientes materiales de construcción, el peligroso comportamiento del hormigón y granito a bajas temperaturas, las fisuras en la presa y las fuertes precipitaciones inmediatamente anteriores al accidente impidieron la llegada de empleados hasta la presa para abrir la compuerta y aliviar el crecimiento de las aguas.

En abril de ese mismo año, se trasladaron 20 familias de las 108 residentes, más otras 13 procedentes de la central de Moncabril. Lo que podría haber sido un pueblo como Vegaviana, San Isidro de Albatera, El Realengo o Villalba de Calatrava, se convirtió en un poblado copiado del Plan Badajoz, de color blanco y con cubiertas de cal y yeso. Los pajares y cuadras eran pequeñas, no cabía ni el ganado ni la hierba, no se tuvo en cuenta que debían utilizarlos agricultores y ganaderos de montaña, en un lugar de inviernos muy crudos y largos. En las casas la cocina estaba abajo, al contrario que en la casa tradicional sanabresa, en la que la cocina está en el piso superior y los animales ocupan el de abajo para dar calor. Al poco tiempo las cubiertas tuvieron que echarse abajo y volverse a hacer. Las promesas sobre “responder a la concepción moderna de la arquitectura en armonía con las características de aquella región” y las intenciones de un equipo técnico brillante se quedaron, no sabemos por qué razón, en una copia de un pueblo propio de otros paisajes.

En la presentación del monumento de José Luis Sánchez volvió la polémica. Estaba formado por una estructura de hierro muy ligera y vertical en cruces, con dos grupos escultóricos y una banda inferior de hormigón con la dedicatoria a las víctimas y los nombres de los 144 desaparecidos. El ministro Arrese rechazó la figura de la Piedad porque su gesto, mirando al cielo, era de protesta, y mandó hacer una nueva mirando al suelo, en actitud de resignación. Tampoco le gustó la ubicación, en la plaza del pueblo y mandó retirarlo. Dividido en partes, dos de sus figuras se aprovecharon para el retablo de la nueva iglesia, otra se colocó en un lugar cercano donde pasa desapercibida.

El juicio sobre la tragedia de Ribadelago se celebró los días 11-15 de marzo de 1963 en Zamora. Pese a los informes y dictámenes técnicos de Torroja o del geólogo José Mª Fuster la empresa Hidroeléctrica Moncabril fue condenada a pagar solo 19.378.732 ptas. Al fallecer familias enteras y emigrar muchos vecinos, parte de las indemnizaciones jamás se pagaron. Los tribunales condenaron al gerente de la empresa, a dos ingenieros y a un perito como responsables directos de las obras a un año de prisión menor por un delito de imprudencia temeraria. Recurrieron la sentencia condenatoria, el recurso fue admitido y fueron indultados.

Imagen de Ribadelago Nuevo en los años 70.

Las indemnizaciones sirvieron en muchos casos para pagar las viviendas, que en vez de correr a cargo de los presupuestos estatales tuvieron que ser asumidas en buena parte por los vecinos, que pocos años después recibieron una notificación de la administración por medio de la cual se les informaba de la deuda.

El nuevo pueblo fue para muchos un engaño. Un pueblo dormitorio ya que, debido a sus características, los habitantes debían desplazarse diariamente al viejo para poder atender al ganado y los cultivos, y en que tuvieron que invertir el poco dinero que recibieron.

Más de medio siglo después, en Ribadelago Viejo se pueden seguir viendo señales de la catástrofe. El 9 de enero de 2009, con motivo del 50.º aniversario, se colocó una escultura, obra de Ricardo Flecha, que representa a una sanabresa protegiendo a un niño pequeño que lleva en brazos. A sus pies se encuentran los nombres de los desaparecidos, y al lado, una placa en recuerdo de éstos. Mientras muchas de las construcciones blancas de Ribadelago Nuevo languidecen, sobre todo las de uso público. Algunas viviendas se han restaurado, con mayor y menor fortuna, pero el pueblo sigue estando desubicado, un pueblo extremeño en medio de Sanabria.

Fotografías actuales de Ribadelago Nuevo de Miguel García-Redondo.