San Justo, es uno de esos pueblos que tienen en lo alto de su campanario un reloj; de esos que marcan las horas con tañidos de campanas. Este reloj fue una donación al pueblo en el año 1948 de Abelardo Nuñez, un vecino del pueblo que emigró a Argentina  en los años 20; con cierta fortuna.

Los sanabreses, por lejos que estén, siempre son sanabreses. El sentimiento de pertenencia a la tierra es muy fuerte y aunque la distancia nos separe si está en nuestra mano ayudar a la gente de la comarca se hace sin pensar. En este caso hablamos de los años 20 y la emigración a Argentina pero cuántos hoy en día desde cualquier punto del mundo se preocupan porque las fiestas perduren, organizan sus vacaciones para participar o ponen su granito de arena para que la escuela o la iglesia del pueblo no acabe siendo una ruina.

Centro Noroeste Zamorano
Centro Noroeste Zamorano

Imágenes del Centro Zamorano de Buenos Aires.

La historia de Abelardo Nuñez es uno de esos ejemplos. Fue uno de esos emigrantes que en 1923 ayudo a fundar, partiendo de la morriña y sobre todo de la fraternidad entre paisanos, el “Centro  Noroeste Zamorano”, más tarde denominado como “Sociedad Sanabresa de ayuda mutua y recreativa” y posteriormente el Centro Zamorano en Buenos Aires. Esta asociación nace de la solidaridad de los sanabreses para dar sepultura a un vecino de Murias emigrado a Argentina.

Mecanismo del reloj de San Justo de Sanabria
Mecanismo del reloj de San Justo de Sanabria

El reloj que Don Abelardo donó a San Justo es de la marca “viuda de Murua”. Una empresa de relojes y campanas situada en Vitoria. El reloj, que se mantiene en perfecto uso, marcando las horas (y las medias) a golpe de campana, hay que darle cuerda cada 8 días, como constaba en sus folletos. El mecanismo consta de un sistema de engranajes y un péndulo y dos pesas que se descuelgan a dentro de la iglesia. Prácticamente desde todo el pueblo se pueden oír sus campanadas.

El pueblo de San Justo, en agradecimiento, le puso su nombre a una calle.