Radio Zamora, 9 de enero de 1959, 8.00 h. Boletín de noticias urgentes:

«En la madrugada de hoy la Presa de Vega de Tera se ha roto sin que se conozcan las causas, desbordándose torrencialmente las aguas que remansaba. Según las primeras noticias recibidas en el Gobierno Civil de Zamora alrededor de las 7.00 h de esta mañana, cuando Zamora se despierta, todo el pueblecito de Ribadelago y las instalaciones de la empresa hidoreléctrica de Moncabril han sido arrasadas por las aguas».

Con este breve texto se divulgaba la noticia de una de las noches más trágicas de la comarca, la rotura de la Presa de Vega de Tera. La segunda mayor catástrofe hidráulica sucedida en España, sólo superada por la ruptura del embalse de Puentes (Lorca), que reventó en 1802 y provocó la muerte de más de 600 personas.

A finales de los años cuarenta se decidió levantar una presa en el curso del río Tera, en Sanabria. La concesión de la obra se realizó en 1947 a favor de la Hidroeléctrica de Moncabril. Las obras comenzaron en junio de 1954, con un presupuesto de algo más de 26 millones de pesetas, dando trabajo a muchos hombres de la zona. Los sueldos que pagaba la Hidroeléctrica, 9 pesetas diarias, suponían para muchas familias un aumento de calidad de vida.

En total, cerca de mil trescientos obreros trabajaron a destajo para cumplir con los plazos previstos. El presupuesto empezó a dispararse y para ahorrar costes, tal como luego se demostró, se emplearon materiales de baja calidad. La presa fue inaugurada por Franco en septiembre de 1956, cuando todavía no estaba terminada por completo.

La noche del 9 de enero de 1959 un sector de más de 150 metros de longitud del muro de contención de la presa se derrumbó dejando escapar casi 8 millones de metros cúbicos del agua embalsada. El pueblo de Ribadelago, situado ocho kilómetros río abajo, fue rápidamente alcanzado sin dar apenas tiempo a los vecinos a escapar. 12 familias enteras desaparecieron, 3 niños quedaron huérfanos. Tan solo fue posible recuperar 28 de los 144 cuerpos desaparecidos entre las aguas del lago de Sanabria.

Dada la localización del pueblo y las infraestructuras de la época, las primeras asistencias no llegaron hasta la mañana siguiente. Las primeras noticias se emitieron sin censura, pero tras el comunicado de la BBC el Régimen trató de controlar la información desviando la atención en la solidaridad y la recaudación de fondos para los damnificados. Tuvieron que pasar varios días para que se reconociera la rotura.

La tragedia desencadenó grandes muestras de solidaridad desde todos los rincones del mundo. Llegaron a recaudarse 12 millones de pesetas en donativos particulares. Entre los actos benéficos destacan un partido de futbol amistoso entre el Real Madrid y el Fortuna de Dusseldorf, que recaudo un millón de pesetas de la época. Una carrera ciclista en Montjuic, un festival taurino en Zamora, la colaboración del Atlético de Madrid y los Regantes del Río Turia… A todo eso hay que sumarle un millón aportado por el Banco de España y 1,7 millones de pesetas aportados por la Iglesia. Sólo una pequeña parte llegaba a Sanabria, la mayoría se quedó por el camino.

Portada de ABC sobre la recaudación del partido entre el Real Madrid y el Fortuna de Dusseldorf.

Reportaje sobre el festival taurino, con grandes figuras del toreo, con el objetivo de recaudar fondos para los damnificados.

Después de la rotura se inició la investigación. Se pidió un primer peritaje y como había diferencias de apreciación, encargó a Eduardo Torroja (celebre ingeniero), en 1961, un segundo informe pericial. Este segundo informe, fue entregado después de la muerte de Torroja, posiblemente finalizado por su hijo José Antonio. Concluyó que la rotura se debió a los deficientes materiales de construcción, el peligroso comportamiento del hormigón y granito a bajas temperaturas, las fisuras en la presa y las fuertes precipitaciones inmediatamente anteriores al accidente impidieron la llegada de empleados hasta la presa para abrir la compuerta y aliviar el crecimiento de las aguas.

En diciembre de 1959 la audiencia Territorial de Valladolid, dictó auto de procesamiento contra siete técnicos de la empresa propietaria de la presa y contra tres de la constructora. Sólo cinco personas fueron condenadas como responsables «de un delito de imprudencia temeraria sin circunstancias»: Gabriel Barceló, Eduardo Díaz, Antonio Jerónimo, Manuel Hurtado y Miguel Prieto. La pena, un año de prisión menor e inhabilitación durante el tiempo de la condena, además de obligarles a abonar una serie de indemnizaciones.

Gabriel Barceló Matutano, sobre el que, como director gerente de Moncabril, recayó la máxima responsabilidad del accidente, nunca cumplió el año de prisión y continuó su ascendente carrera de ingeniero hasta ser indultado por Franco. En 1968, en reconocimiento a los servicios prestados al Estado, se le impuso la medalla de la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil. Después del accidente de Ribadelago fue nombrado ingeniero jefe del Instituto Nacional de Industria y ejerció como vicepresidente y director general de varias empresas, entre otras Unión Eléctrica Madrileña, Intoesa, y como consejero de Distribuidora Eléctrica.

La empresa fue obligada a pagar 19.378.732 pesetas a razón de 95.000 por la pérdida de un hombre, 85.000 por una mujer y 25.000 por los niños. Al fallecer familias enteras y emigrar muchos vecinos gran parte de las indemnizaciones quedaron sin cobrar.

El 15 de enero, sólo 8 días más tarde, se promulgó el Real Decreto por el que se declaraba adoptado el pueblo por el Caudillo y se encomendaba su reconstrucción al Ministerio de la Vivienda. Sobre la construcción del nuevo pueblo ya hablamos aquí. Las indemnizaciones sirvieron en muchos casos para pagar las viviendas, que en vez de correr a cargo de los presupuestos estatales tuvieron que ser asumidas en buena parte por los vecinos, que pocos años después recibieron una notificación de la administración por medio de la cual se les informaba de la deuda.

El recuerdo emocionado de los supervivientes de la tragedia pervive años después y, como cada 9 de enero, hoy se vuelve a celebrar en Ribadelago una misa en recuerdo de los fallecidos.

Cuando se conmemoraron los 50 años de la tragedia la Administración prometió a los descendientes de las víctimas la creación de un Museo de la Memoria. La Asociación Hijos de Ribadelago dispone de un buen material documental que ya ha sido expuesto en varias ciudades del país. El proyecto sigue sin tener fecha. Mientras tanto, la escultura de Ricardo Flecha, un bronce de unos 2,5 m de alto que representa a una sanabresa protegiendo a un niño pequeño que lleva en brazos y que tiene una placa con los nombres de los desaparecidos, recuerda a las víctimas.

“Horas dramáticas en la vida de un pueblo” fue el titular con el que abría su reportaje sobre la catástrofe de Ribadelago el número 120 del semanario Sábado Gráfico, cuyas imágenes desgarradoras hicieron conocer la tragedia vivida en Sanabria.