Las Mascaradas de Invierno son celebraciones festivas que se realizan en los “Doce Días Mágicos”, que van desde Navidad hasta Epifanía, dentro de sociedades agrícolas y ganaderas que medían el tiempo por los cambios derivados del paso de las estaciones.

El invierno traía una climatología muy dura, que obligaba al cuidado del ganado en casa y un gran aprovisionamiento de leña. Los días cada vez eran más cortos y la luz menor, lo que causaba temores entre los habitantes de los pueblos. Con la llegada del solsticio de invierno los días comenzaban a crecer y aumentaban las horas de luz. Las Mascaradas de Invierno buscaban dos objetivos: purificar los pueblos alejando los males de ellas y propiciar la fertilidad de los campos, ganados y hombres.

Se puede afirmar que las mascaradas zamoranas tienen origen prerromano. Se las relaciona con el culto al Sol, cuya fiesta se celebraba el 25 de diciembre (debido a su carácter sexual, ya que el Sol se consideraba símbolo de fecundidad, la iglesia traslada en el s. IV al 25 de Diciembre el nacimiento de Cristo). Los Romanos recibe estas creencias y ritos primitivos, las asume y les proporciona un cuerpo religioso y litúrgico, integrándolas en fiestas como Lupercales, Kalendas, Saturnales y Juvenales.

 

Diablo de Sarracín de Aliste

Diablo de Sarracín de Aliste. Fotografía de Carlos González Ximénez

Diablo de Sarracín de Aliste

Zangarrón de Montamarta con máscara negra. Fotografía de Carlos González Ximénez

La provincia de Zamora es una zona privilegiada tanto por la cantidad como por la variedad de ellas. Cada mascarada ha tenido su propia evolución, con fuerte influjo del cristianismo y de las propias circunstancias sociales e históricas de cada pueblo, pero todas tienen puntos en común:

  • Se celebran dentro de los Doce Días Mágicos, y sobre todo entre el 26 y el 28 de diciembre, como dice el refrán: “Mes de diciembre, mes de sonsones (cencerros), mes de carochos y zangarrones”.
  • El uso de máscaras o pintura en el rostro. No se trata, como en Carnaval, de ocultar la personalidad del enmascarado, si no de encarnar la del representado. Los colores que siempre aparecen en las mascaradas de Castilla Y Léon son el negro, color demoniaco y símbolo de maldad en el cristianismo (también representa la oscuridad, el vacío o la muerte) y el rojo, color de las divinidades clásicas que también representa la sangre y la vida.
  • El sonido de cencerros, esquilas o campanillas. Simbólicamente el ruido se consideraba purificador y servía para alejar los males y los espíritus. Como ejemplo de esa creencia, en algunos pueblos al llegar la tormenta se tocaban las campanas con “el tente nublao”.
  • Los instrumentos fustigadores. Hoy en día son más amenazantes que otra cosa, su uso se ha moderado bastante. Solía atribuírseles una función fertilizadora.
  • El protagonismo de los mozos solteros o quintos, organizadores de la fiesta, hoy en decadencia por la fuerte emigración.
  • Rito de paso a la madurez. Los mozos demostraban habilidad al preparar sus trajes y organizar la fiesta, y fuerza física en las luchas, carreras y persecuciones.
  • Ámbito local, todas las mascaradas se realizan en las calles y plazas de una localidad.
  • Petición de aguinaldo.
  • Desorden, ruido, alboroto, en contraste con la oscuridad y el silencio del invierno, intentando provocar que el cambio de estación.
  • Rituales de gran simbolismo que se hacen por tradición, sin ningún sentido aparente, porque siempre se ha hecho así.
  • Comidas comunitarias o de mozos, que sirven de unión en días en los que apenas se sale a la calle.

 

Dibujo de las diferentes Mascaradas de la provincia de Zamora recogido en la página Turismo en Zamora.

Desfile de la Visparra en Vigo de Sanabria

La máscaras varían según los pueblos sean agricultores o ganaderos. El mundo pastoril crea máscaras demoniacas y el mundo agrario se decanta por las zoomorfas, en las que el protagonista es una máscara animal. En Sanabria son comunes las mixtas, donde las máscaras animales salen acompañadas de demoniacas como las Talanqueiras de San Martín de Castañeda y Vigo de Sanabria.

Actualmente el gran problema de las Mascaradas de Invierno es la falta de jóvenes que las siga organizando. Considerarlas Fiestas de Interés Turístico Regional ayudaría a conservarlas pero la falta de infraestructuras turísticas de algunos pueblos, la climatología y la breve duración de la fiesta las hace poco atractivas. La promoción destacando otros valores de la zona como los paisajísticos o culturales puede resultar más positiva. Con el objetivo de no perder esta tradición, se celebran desfiles en otras fechas más favorables al turismo que consiguen mayor afluencia de público.

El próximo domingo 14 de mayo podremos ver en Vigo de Sanabria el desfile de la Visparra dentro del Encuentro de Mascaradas Ibéricas. Podéis ver el calendario del resto de Mascaradas aquí.

Información extraída del libro «Mascaradas de Castilla y León. Tiempo de fiesta.»