Agustina Otero Iglesias nació en el municipio de Valga (Pontevedra) en 1868. Hija de madre soltera muy pobre, es violada por un vecino con sólo 10 años. Agustina escapa de casa con unos feriantes portugueses y cambia su nombre por el de Carolina para que nadie dé con su paradero. Tras sobrevivir haciendo cualquier trabajo, empieza a bailar. Con 20 años un empresario catalán la convence para ir a Marsella a actuar y se forja un origen inventado como andaluza y gitana. Su belleza, desparpajo y exotismo triunfan y hace giras por todo el mundo: Nueva York, Moscú, Buenos Aires, La Habana… pero sobre todo París, donde su fama es enorme.

Era la época de la Belle Époque, donde las “cortesanas” eran famosas que ejercían la prostitución solo con personajes ricos e influyentes, y ella llegó a ser la cortesana más cara de todas. Carolina Otero fue mundialmente conocida como la Bella Otero, tanto en el escenario como de cortesana. Y fue amante, entre otros, de Guillermo II de Alemania, Nicolás II de Rusia, Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España, Eduardo VII del Reino Unido, el político francés precursor de la Unión Europea Arístide Briand o incluso el consejero real ruso Rasputín y su miembro de legendario tamaño.

Su fama y compañías le proporcionaron una inmensa fortuna la cual fue dilapidando sin descanso en los casinos de Montecarlo y Niza tras su retirada de los escenarios en 1910.

Murió en 1965 en la miseria viviendo en un pequeño apartamento pagado por el casino de Montecarlo, que así reconoció los millones ganados gracias a ella.

Y bien ¿por qué presentamos aquí la vida de Agustina, o Carolina? ¿Qué más era Carolina Otero? La respuesta es que era la bailarina de fama internacional que lo mismo se exhibía con un fandango que con una danza oriental, y en esos bailes la falda llevaba un dragón dibujado. A partir de aquí podemos ya relacionar la falda con el dragón y el mandil o la saya con el lagarto pintado…

Esta es la supuesta inspiración y origen de la canción, archi famosa en el noroeste de la Península Ibérica donde Gallegos y Mirandeses (P) se disputan su origen, aunque con autor desconocido. Y los sanabreses la disfrutamos sin pensar de dónde viene. Existen multitud de versiones cambiando palabras, versos o estrofas completas, y con un número variable de estrofas también según dónde se cante, como siempre ocurre con la música tradicional.

El mandil de Carulina

tiene un llagartu pintau

candu Carulina baila

el llagarto menea el rabu.

 

Bailaches Carulina

Bailéi si señor

Dime con quien bailaches

Bailéi con miño amor

Bailéi con miño amor

Bailéi con miño amor

Bailaches Carulina

Bailéi si señor

 

El zapato pide media

la media pide zapatu.

Y una mocitina guapa

también pide un mozo guapu.

(Bailaches Carulina…)

 

El ruiseñor cando canta

mete el rabu entre las piernas,

también yo lo metería

en una moza solteira.

 

(Bailaches Carulina…)

 

El señor cura non baila

porque tien una corona,

baile, señor cura, baile,

que Dios todo lo perdona.

 

(Bailaches Carulina…)