Las mujeres sanabresas de mitad de siglo se pasaron su vida entera trabajando en el campo y en su casa. No había descanso para ellas. La mujer era el eje y motor de la familia, quedando su papel supeditado a los demás: hijos o esposo.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, por eso hoy nos queremos acordar de nuestras madres y abuelas y su papel, en muchos casos invisible, dentro de la historia de la comarca.

Las responsables del hogar

Trabajaban muy duro de sol a sol. Araban, llevaban la pareja, cargaban los carros o iban al monte a por la leña. Eran mujeres habituadas a todo. Cuidaban y daban de comer al ganado. Los animales de la casa, como gallinas o cerdos, estaban a su cargo y entre otras cosas, se encargaban de darles de comer. Y todo eso sin dejar de realizar los quehaceres de la casa: lavar, limpiar, hacer la comida, etc.

Tareas como hacer el pan o trabajar el lino eran compartidas pero el peso caía fundamentalmente sobre las mujeres. Por ejemplo, los hombre eran los encargados de preparar el horno y dejarlo listo para cocer, pero las mujeres tenían que cernir la harina, amasarla, preparar las hogazas, cocerlas…

Una dedicación desigual que constituía “doble jornada” de trabajo. Añadimos a todo esto gestar, parir y cuidar a los hijos.

Casas de Galende y mujeres haciendo labores

El parto

El parto era un asunto de mujeres. Cuando llegaba el momento las vecinas con experiencia ayudaban, siendo un momento de gran peligro tanto para las madres como para los bebés. Era muy común utilizar amuletos u objetos religiosos como escapularios de la Virgen, una Cruz de Caravaca de cobre o el cordón del alba del cura.

La mujer paría en casa, en la cama, o en el escaño para que el niño saliera mejor. Tras el parto las parteras le daban a la madre un caldo de gallina, chocolate o vino con miel para ayudarla a recuperarse.

Los niños eran asunto de las madres, o en muchos casos de las hermanas mayores que dejaban el colegio para ayudar en casa, también se hacían cargo de las personas dependientes, como enfermos o ancianos.

El papel de la mujer dentro del grupo 

Las mujeres tenían la responsabilidad del hogar pero eran los hombres quienes regentaban y tomaban las decisiones en el ámbito laboral, controlando la entrada y salida de dinero, aunque la mujer trabajase de forma intensa en la explotación. La mujer carecía de independencia económica pues el trabajo que realizaba iba a la bolsa común, cuya
titularidad ostentaba el cabeza de familia.

La mujer no cotizaba a la seguridad social por lo que tampoco tenía derecho a beneficiarse de una cobertura social adecuada.

La preponderancia social del hombre era visible sobre todo en la toma de decisiones comunes del pueblo, como en la formación del concejo, donde sólo participaban las mujeres que por algún motivo estaban solas (en los casos de viudedad o emigración).

Pastora con ovejas en Sotillo. Fotografía de J.J. Baena

Los cuentos tradicionales

A pesar de todo esto, los romances e historias tradicionales mostraban a la mujer como alguien malvado, comparándola en algunos casos con víboras o serpientes, o incluso compartiendo partes del cuerpo con el demonio. Un ejemplo es el cuento del “Origen de la malicia femenina” (Lubián).

Unha vez era Jesucristo y San Pedro que tiñan unha burra e se le fesferrou. Foron e la leveron a un ferreiro que la ferrera, y cuando iban pol-o camiño hacheron a unha fonte. E n-ela había mutas mulleres lavando y todas estaban rifando uhas co as outras e non podía haber paz entre elas. E díxole Jesucristo a San Pedro: -Vaite alá a ver o que faen esas mulleres que non paran de rifar. San Pedro foi alá e acrotoule a cabeza a todas. E díxole Jesucristo: -Pero ¿qué le ficestes que caleron tan pronto? -Pois cortei a cabeza a todas. -¡Ah bruto!Volve alá e ponla outra vez como estaba. San Pedro foi alá todo enrabiado y empezou a tirar cabezas aos corpos. E tamén estaba o demo en forma de muller, por eso era pol-o que rifaban e non podia haber paz entre elas. Y San Pedro, toroule a cabeza do demo a unha muller, i a da muller ao demo. Por eso ahora as mulleres son tan más como o demo. Nada mais.

Leyendas, cuentos y romances de Sanabria. Luis Cortés Vázquez.

 

Yo recuerdo a mis abuelas (ambas sanabresas) como mujeres muy fuertes, con genio. Una de ellas quedó viuda muy pronto, con hijos pequeños. Sin saber apenas nada, a fuerza de trabajar sin descanso, pudo sacarlos a todos adelante. Lo curioso es que lo que más recuerdo de ella es la alegría con la que afrontó esa vida tan dura y su risa. Una característica que he encontrado en muchas otras mujeres de la comarca.

Sobre ellas habla “Argaña”, una mirada al pasado para dar voz a quienes en su momento no pudieron tenerla.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Etnografía de la comarca de Sanabria-Carballeda: economía, cambio social y desarrollo. Raúl Reloba Ferrero

Las mujeres en el mundo rural. Reflexiones generales y contextualización. Mª Consuelo Díez Bedmar

Lenguajesculturales’s. Blog de Juan Manuel Rodríguez Iglesias

Leyendas, cuentos y romances de Sanabria. Luis Cortés Vázquez.

Fotografías de J.J. Baena en su viaje para grabar Carta de Sanabria junto a Ducay y Saura.