Sanabria está formada por pueblos aislados, antaño mal comunicados, en los que ante la falta de explicaciones lógicas a determinados fenómenos, la tradición dio respuesta con cuentos y leyendas. Una tierra en la que la imaginación popular ha creado numerosas historias, a medio camino entre el cuento y la realidad, donde las creencias religiosas y el lobo tienen un papel protagonista.

La noche de San Juan se celebra en toda Europa y está muy arraigada al culto al sol, tratando de ayudarle a renovar su energía. Una noche en la que se unen magia y tradición, las hogueras se encienden durante la madrugada y ante el fuego se pueden hacer todo tipo de hechizos, pedir deseos o ahuyentar los malos espíritus. Una de las leyendas más famosas de Sanabria, que tiene múltiples versiones muy similares entre si, es la que narra el origen del Lago y tiene mucho que ver con San Juan.

 

En una versión más extensa se dice que, años más tarde, los vecinos de los pueblos de alrededor intentaron sacar del agua las dos campanas de la iglesia hundida. Con la ayuda de una pareja de bueyes, “Redondo” y “Bragado” consiguieron sacar sólo una. El día de San Juan, año tras año, es esa campana la que sigue sonando, pero sólo la escuchan las personas caritativas y generosas.

“Tira buey bragau
que la leche quí ordeñarum
por el llomu le fue echau
Ven aquí bragau.
-No puedo, quíestoy ordeñau, le contestó”

La campana que se hundía le decía a la otra que salía:

“Tu te vas, Verdosa,
yo me quedo Bamba
y hasta el fin del mundo
no seré sacada”

La leyenda del Lago de Sanabria es muy similar a otras debido a los monjes cistercienses. En el año 1109, un monje llamado Aymeric Picaud inició un viaje acompañando al pontífice Calixto en su peregrinación a Santiago de Compostela. Al terminar el viaje Aymeric escribió un libro conocido en Europa como Codex Calixtinus, una especie de guía para los peregrinos en la Edad Media. En el Cuarto libro del Códice se cuentan las legendarias hazañas de Carlomagno en Hispania. Solo tres ciudades se resistieron a su conquista, por lo que las maldijo. De las tres, Lucerna Ventosa, acabará dando nombre a la ciudad sumergida bajo el lago. Según la historia narrada en el Pseuda Turpín, que así se llama el cuarto libro, cuando el emperador ruega a Dios que le entregue la ciudad los muros de Lucerna caen y del suelo comienza a brotar agua, convirtiendo el lugar en un estanque.

Los autores que han estudiado la obra de Picaud consideran que se refiere a los orígenes del lago de Carrucedo, en El Bierzo (León). Picaud pudo ponerle Lucerna por la localidad suiza del mismo nombre, cuya leyenda era la misma. Pero ¿cómo llegó entonces la leyenda hasta tierras sanabresas? En el lago de Carracedo se estableció un monasterio cisterciense comunicado con el de San Martín de Castañeda. En algún momento, alguno de los monjes trasladó la historia, cambiando la maldición por un castigo a la falta de caridad de los vecinos.

En ocasiones he oído a personas que confunden el cuento con la realidad, pensando que se trata de la tragedia de Ribadelago. La medianoche del 9 de enero de 1959 la presa de Vega de Tera se rompía lanzando sus cerca de ocho millones de metros cúbicos sobre el cañón del río Tera. Una ola gigantesca arrastró todo a su paso, cuando llegó al pueblo de Ribadelago alcanzaba los 10 metros de altura. Muchos de los vecinos dormían y no pudieron hacer nada. De los 516 habitantes del pueblo, 144 fallecieron. Es una dolorosa coincidencia pero la primera es un cuento y estos hechos desgraciadamente son verdad.

Fotografía de portada de Rubén Gago.