En 1398 Enrique III entrega la villa de Benavente y las villas de alrededor al caballero portugués D. Juan Alonso Pimentel, primero de una dinastía nobiliaria que se mantendría hasta el siglo XIX. Uno de los aspectos más sobresalientes de esta dinastía fue la construcción bajo su patrocinio de edificaciones militares, residenciales, religiosas, culturales o simplemente dedicadas al ocio. Al margen de su uso, estas construcciones tenían también otro fin: la reafirmación del estado señorial de los Pimentel y la ostentación, signo de distinción y poder. Una de ellas fue probablemente la Casa del Lago.

En 1446 el monasterio de San Martín de Castañeda, ante el clima de inseguridad por las guerras colindantes, otorga buena parte de sus posesiones al tercer Conde de Benavente, Alfonso Pimentel. Tras el aforamiento de la Vega de Tera, el dominio de la familia aumenta y en 1451 el conde compra a los herederos de Juan de Losada la mitad de Sanabria y Carballeda. La abadía y su entorno quedan entonces bajo el dominio señorial.

Entre 1477 y 1482 el cuarto conde, Rodrigo Alfonso Pimentel, construye la Casa del Lago (E. Cooper). Ya que en esos mismos años está datada la construcción de la torre del homenaje del castillo de Puebla de Sanabria, podría haber participado en la construcción de La Casa el maestro Juan de Herrada.

Muy poco se sabe en realidad sobre esa casa y muchas son las teorías sobre su tamaño, decoración, usos y emplazamiento.

Castillo de los Condes de Benavente en Puebla de Sanabria

Castillo de los Condes de Benavente en Puebla de Sanabria.

El primer testimonio literario conocido sobre la casa es de Ambrosio de Morales en 1572:

«Cerca de la Casa (en referencia al monasterio) está un Lago en el que entra y sale el Río Tera, que notablemente vienen por lo alto de una serrezuela, y por allí encima tiene su curso continuado. De allí baja a hacer este Lago, que tiene de largo una legua y hondura increíble, y se mueve algunas veces con tempestades como la mar. En medio de él está una gran peña donde los Condes de Benavente en tiempo que tenían por suyo este Lago, labraron un rico Palacio con muchos artesones de oro. Agora es el Lago del Monesterio, y tiene muchas Truchas y Barbos en grande abundancia, y muy sano.«

Richard Ford durante su viaje por España, entre 1831 y 1834, escribió:

«Partiendo de Puebla de Sanabria y tomando un guía local podemos subir por el Tera hasta el Lago, que dista cosa de dos leguas y media: éste es el pantano de este dulce río que tiene su origen en las montañas de atrás, cerca de Portillo, y después corre unas dos leguas, entrando en su encantadora cueva, y cae en el lago, que está contenido por un cinturón de colinas en forma de herradura, las laderas de la Segundera. Esta laguna de cristal, como el cráter lleno de agua de un volcán, tiene unas cuatro millas de circunferencia; su profundidad se desconoce […] Se puede alquilar una barca y contratar un guía en el pueblo, bellamente situado, con trescientos habitantes. En el lago hay una isla en la que se levanta un castillo que es una especie de pabellón de pesca de los antiguos condes de Benavente y conserva aún algo de su antigua decoración».

Sabemos por tanto, que en los años 30 la casa aún estaba en pie. Las menciones a artesonados de oro o los restos de su antigua decoración nos invitan a entroncar la construcción con el castillo de Benavente, que organizaba sus interiores al gusto mudéjar, con zócalos de azulejería, artesonados de madera labrados y los paramentos intermedios decorados con yeserías.

Estudios sobre el Lago de Sanabria ó de S. Martin de Castañeda por D. Cesáreo Fernandez Duro ; calco del plano levantado con plancheta en 1753 bajo la dirección de D. Antonio de Gaver facilitado por D. F. Coello ; Osler autº ; Lit. de Roldán

Fragmento de estudios sobre el Lago de Sanabria ó de S. Martin de Castañeda por D. Cesáreo Fernandez Duro ; calco del plano levantado con plancheta en 1753 bajo la dirección de D. Antonio de Gaver facilitado por D. F. Coello ; Osler autº ; Lit. de Roldán. Descargar completo aquí.

Si observamos hoy la isla, nos sorprenderá su tamaño, resultando difícil imaginar un edificio de tal porte en ella. Varios autores han llamado la atención sobre su aspecto artificial. Cabe la posibilidad de que en épocas anteriores el nivel del agua fuera menor y la superficie de la isla más grande. También es posible que la casa se construyera en la orilla, bajo el peñón rocoso, y la isla fuera un apéndice de la misma, como un pabellón o embarcadero. Jorge Juan Fernández, con ocasión de un estudio arqueológico sobre el entorno del parque Natural, realizó una prospección del islote evidenciando «el apilamiento intencionado de piedras en torno a un afloramiento rocoso natural que sirvió de basamento. En su opinión aún se aprecian restos de piedras colocadas en línea formando muros hoy arruinados». En su interior pudo recoger fragmentos de tejas curvas, ladrillos de barro rojo de buena cocción y algún fragmento de cerámica vidriada.

Si finalmente la Casa se construyó sobre el islote, resulta difícil imaginar la complejidad técnica y el extraordinario esfuerzo humano que debió conllevar tal empresa, tanto por el acarreo de piedra, madera y demás materiales de construcción y su transporte, presumiblemente en barcas o balsas, como por todas las dificultades derivadas del trabajo en un lugar tan inhóspito. Todo para una residencia de tan corto disfrute y aprovechamiento por parte de la familia condal. ¿Cuál era el uso entonces que le daban los Pimentel a la Casa?

Desde el punto de vista de la mentalidad de la época su existencia tendría una finalidad simbólica de reafirmación del dominio señorial sobre el Lago, una casa destinada al ocio en la línea de otras como El Jardín o El Bosque, en las proximidades de Benavente. Pero Richar Ford lo califica de Pabellón de Pesca y Ambrosio de Morales habla sobre la calidad y abundancia de truchas y barbos. Dada la afición a la pesca y a la caza de los Pimentel es lógico pensar en su uso como tal. De hecho, la leyenda sobre la cesión de La Casa de nuevo al Monasterio es un castigo divino por el abuso del Conde sobre los derechos de pesca del Lago, tal como se recoge en el «Tumbo de san Martín de Castañeda», recopilado por Fray Antonio de Lara en 1715.

«Por este tiempo mandó el conde edificar una casa dentro del Lago e hizo venir marineros de los puertos con redes y barcos; después estando el Conde, el Duque de Alba, el Conde Luna y otros señores en dicha casa, se levantó tan recio temporal de aire que las olas del Lago venían por encima de la Casa, durando su furia más de veinticuatro horas donde estuvieron en manifiesto peligro. Por lo cual dicho Conde hizo donación de dicha Casa a este Monasterio, cuyo instrumento está en pergamino; su fecha Año de 1491, y en el cajón núm 1».

De nuevo un hecho sobrenatural explica un hecho en el entorno del Lago de Sanabria. La historia se completa con un diploma procedente del Archivo Histórico Provincial de Zamora fechado a 12 de septiembre de 1491 por el que Rodrigo Alfonso Pimentel entrega la Casa del Lago al monasterio de San Martín de Castañeda.

Según se desprende del contenido del texto, Rodrigo Alfonso Pimentel, construyó en fecha indefinida en medio del Lago una casa pero reconoce que dicho Lago perteneció siempre al monasterio y por tanto no tenía derecho a construir edificio alguno en él:

«… digo que por quanto el lago que es e siempre fue del monesterio de señor Sant Martin de Castaneyra de la horden de Cistel, que es en el obispado de Astorga e del abad, monjes e convento del, e en medio del fue fecho por mi vna casa de morada e hedificio e esta fecha hasta oy, e por ser como es el dicho lago e fue siempre del dicho monesterio e lo de en medio del non le podia nin pudo ser tomado nin fecho edificio alguno en el e fecho era del dicho monesterio ansi messmo como el dicho lago».

Así pues, en descargo de su alma y por la gran devoción que el noble tiene a dicho monasterio, devuelve a su legítimo dueño
«… todas las casas e morada e hedificios asi de piedras commo terra e madera e el auaçon e herramientas e de todo lo otro poco o mucho alto e baxo que esta fecho e edificado de la casa del dicho lago e en medio del e en ella e de cada cosa della ora este enfiesta o cayda o en otra manera que sea todo para el dicho monesterio e abbad, monjes e conuento del que son o fueren para siempre jamas».

No sabemos finalmente que uso le dieron los monjes, su rastro se pierde, pero en la donación el conde les da completa libertad para allanarlo o derribarlo, aunque por los textos conservados parece que la abadía mantuvo aquí alguna infraestructura elemental, probablemente para aprovechamiento pesquero. Con los años nada quedó de ella y la isla se llenó de zarzas, dándole los habitantes de los pueblos cercanos el nobre de «Isla de las Moras».

Otra leyenda dice que los monjes construyeron un túnel hasta la isla para ejecutar a los herejes durante la Inquisición, pero ya es otra historia…

Información extraída del documento Notas sobre «La Casa del Lago» del Conde de Benavente. A Propósito de un pergamino del Archivo Histórico Provincial de Zamora de Rafael González Rodríguez.

Rafael González Rodríguez, historiador y Licenciado en Geografía e Historia, es autor del blog Mas Vale Volando, al que podéis acceder aquí y del que os recomiendo su lectura.

Imagen de portada de Libertad Digital.