Toca en estas páginas –y nunca mejor dicho- hablar de campanas: hablar de las campanas de Santa Colomba de Sanabria. No sin antes hacer un paseo por la historia y sin olvidarnos de que han sido testigos sonoros de las alegrías y avatares de nuestros antepasados, junto a una vieja tradición española de herreros y forjadores.

El origen de las campanas es muy difícil de establecer, siendo opinión generalizada la que atribuye la mención de las campanas a la Campania (Italia), por haberse empezado a fundir allí las campanas más grandes y de más calidad de bronce.

El uso de las campanas para anunciar cualquier acontecimiento es muy antiguo, pero en la Iglesia comenzaron a usarse en un tiempo relativamente tardío. Tanto es así, que en la Iglesia Occidental no aparece hasta el siglo VII y en la Oriental no antes del siglo IX, apareciendo las primeras campanas en Santa Sofía de Constantinopla.

El aviso para los Oficios Divinos, en los primeros siglos, se hacía de viva voz; parece que existieron unos diáconos (“cursores”) que avisaban de casa en casa. Posteriormente, aparecen otros instrumentos de convocatoria, como tabletas o láminas de madera, una barra de metal, bocinas o trompetas.

Cuando se pusieron en uso las campanas, no había más que una en cada iglesia, multiplicándose posteriormente. Al crecer el número de campanas como su volumen, se vio la necesidad de construir torres para colocarlas debidamente y para que la sonoridad de las mismas pudiera esparcirse más.

Durante los años 604 a 606, por una disposición canónica, se mandó que en todas las iglesias católicas se colocaran campanas que tocaran en los Oficios Divinos. Esa disposición establece también que las catedrales tengan cinco o más campanas, las parroquias dos o tres y las iglesias de oratorias particulares sólo una.

En los Concilios celebrados en 1584, 1585 y 1590, prohibieron que las campanas se destinasen a otros usos que los religiosos; pero en el siglo XVII, la Congregación de Obispos dispensó de tal prohibición en casos de utilidad pública.

En algunos lugares como en Valencia, el Arzobispo Fabián y Fuero reguló el toque de las campanas con unas normas muy precisas y que tenían en cuenta desde el dolor de cabeza de los enfermos próximos a los campanarios, hasta la posible dificultad de entenderse bajo el estruendo metálico en las tiendas y en los Tribunales de Justicia. El decreto de aquel prelado data de 1790. Los toques –disponía Fabián y Fuero- nunca deberán resultar tan largos que lleguen a ser enfadosos; cinco minutos constituían su máxima duración porque con ese tiempo bastaba, según el prelado, para avisar al pueblo de aquello que las campanas deseaban comunicar.

Existen tres tipos de campanas: esquilones (a éste pertenecen las de Santa Colomba), romanas y carillón. Todas están hechas de una aleación de bronce y estaño-plata. Las esquilones reproducen notas agudas; las romanas, graves y; las carillón, se utilizan para representar partituras.

El método de fabricación ha variado mucho a través del tiempo, pero siempre se ha hecho fundiendo el metal. El resultado final siempre ha querido ser el mismo: un sonido afinado, agradable y llamativo, de una duración mínima de un minuto por golpe y cuidada belleza en cuanto a dibujos, grecas o letras.

En Santa Colomba contamos con tres campanas que, como ya dije anteriormente, son esquilones. Dos en la Iglesia Parroquial y otra en la Capilla. A cada una de ellas se les designa como campana “Grande” o “Pequeña” (atendiendo a su tamaño) si hablamos de la Iglesia y “Campanica” o “Campana de abajo” si hablamos de la Capilla.

La campana “Grande” original no existe pues se rajó haciendo, según tradición, un mal uso de ella. Los que la han conocido sabrán que era mucho mayor que la actual y que sus toques se podían oír incluso desde la Sierra. La que existe actualmente resultó del proceso de volver a fundir la original en el año 1944 en la Gran Fundición de Campanas José Cabrillo Mayor en Salamanca.

La campana “Pequeña” fue fundida en el año 1872 expresamente para el concejo de Santa Colomba, de ahí (quizás) se deduce que por eso se toca desde esa campana “a concejo”. Sobre esta campana existe (o al menos existía) la creencia de que, si se hace sonar cuando graniza, es capaz de deshacer el granizo antes de llegar al suelo. Esta creencia se debe, en parte, a que en la copa de esta campana está la imagen de Santa Bárbara en relieve.

La “Campanica” o “Campana de abajo” es la más pequeña y antigua de las tres, siendo fundida en 1797 y está dedicada a San José. También se le atribuyen “poderes” similares a los de la campana anterior.

Hasta aquí, todo bien; pero la verdadera magia de las campanas es otra cosa bien distinta: y es que no es cualquier cosa tocar y dar volteos a una campana, pues siendo elemento sencillo, ni es fácil su manejo, ni debe olvidarse que al fin y al cabo es un instrumento musical. Por ello, hacerlas sonar es un arte que crea musicalidad y lleva siempre una enorme carga de sentimientos.

No debemos olvidar que las campanas tienen su propia voz y, como voz que tienen, poseen su propio lenguaje: el lenguaje de las campanas. Este lenguaje fomenta las relaciones espirituales y nos ayuda sobrenaturalmente recordándonos aquella festividad que se conmemora o aquella función religiosa que va a celebrarse. Excitan en nosotros todo tipo de sentimientos: nos dan alegría, si sus repiques recuerdan alguna efemérides célebre o algún acontecimiento que no debe pasar desapercibido; son capaces de sumergirnos en la más profunda tristeza si doblan a muertos; o incluso, nos dan a veces la señal de alarma por algún peligro que se cierne sobre nosotros; o, más curioso todavía, han sido capaces de reunir las cabras en Cantarinos cuando tocaban “a las cabras” o las vacas en el Campo si tocaban “a la buyada”.

Desgraciadamente, este lenguaje se va perdiendo poco a poco: da pena ver como las campanas se están quedando mudas, no sólo en nuestro pueblo sino también en la mayoría de las poblaciones. De todas formas, hay que entender que poco significado tendría oír ahora ciertos toques que por naturaleza han tendido hacia la extinción irremediablemente. Por este motivo, quiero recordarlos: los que ya no se tocan y los pocos que, afortunadamente, aún perduran y de todos son conocidos. Son los siguientes:

“A la oración”. Se tocaba diariamente dos veces al día: una al orto y otra al ocaso. Consistía en dar un repique que, posteriormente, se transformaría en unos toques en la campana “Grande”. Este toque, ya de tradición, se conservó por más tiempo gracias a una especie de fundación que creó un vecino. Hoy en día ya no se toca.

“A misa”. Se tocaba todos los días sobre las ocho de la mañana. Los días de diario se tocaba en la “Campanica” y consistía en una serie de toques seguidos. Los Domingos y festivos se seguía el siguiente procedimiento: se daba una señal en la “Campanica” con una serie de toques pausados para indicarle al sacristán que tocara “a misa” y, a los fieles, que la Misa sería en la Iglesia Parroquial . A partir de este momento, quedaría media hora para que comenzara el Oficio. Se pueden distinguir tres toques diferentes atendiendo al tipo de misa; de esta forma tendríamos: “Misa de Domingo”. Su toque consiste en dar tres campanadas simultáneas en campana “Grande” y “Pequeña”, a continuación una serie de toques seguidos en la “Grande”, toques seguidos en la “Pequeña”, repique o “repiquete”, toques seguidos en la “Grande”, toques seguidos en la “Pequeña” y, se finaliza con tres campanadas en la “Grande”. “Misa de Fiesta”. El procedimiento es igual al de “misa de Domingo” con la diferencia de que se voltean las campanas al finalizar y se repica durante la procesión. “Misa de Difuntos o Réquiem”. Se diferencia del de “misa de Domingo” en que al terminar el repique se “incordia” con las correspondientes “esposas”.

“A las cabras”. Se tocaba a diario a la salida de Misa. Consistía en una serie de campanadas en la campana “Pequeña”. Tampoco se utiliza hoy en día.

“Al Ángelus” o “medio día”. Se tocaba a diario justo a las doce horas solares. Consistía en doce campanadas pausadas en la “Campanica”. Este toque semejaba las campanadas de un reloj e indicaba también la hora de comer. Hoy, está en desuso.

“A rosario”. Se tocaba a diario al oscurecer. Consistía en una serie de campanadas seguidas en la “Campanica”. Aún se puede oír de vez en cuando.

“A calvario”. Se tocaba solamente en la época de Semana Santa al amanecer en la “Campanica” o en la “Grande” y consistía en una serie de toques seguidos. Ya no se usa.

Durante la Semana Santa, son dignos de mención dos toques significativos: “Repiquete de Jueves Santo” o “Repiquete de Encierro” y “Repiquete de Sábado Santo” o “Repiquete de Resurrección”. Ambos repiques se tocaban mientras durase “el Gloria” acompañados por la esquila de la Iglesia. Entre un repique y otro las campanas quedaban mudas, es más, se silenciaban las esquilas del ganado y, las esquilas o campanillas de las Iglesias, tampoco se tocaban, usando en su lugar un artilugio de madera llamado “matraca”.

Otro de los toques significativos era el día del Ángel de la Guarda. A las cero horas del uno de marzo se daba, como costumbre, un gran repique con una duración de una hora, si no era más. Ya no hay repicadores.

Se repicaba también durante la bendición de los campos en su día señalado.

Y, como no, hay que mencionar los repiques que se daban y se dan en los bautizos en honor a un cristianizado más.

“A concejo”. Se toca cuando se necesita la reunión del Pueblo por algún motivo en especial. Consiste en dar tres series de toques seguidos en la campana “Pequeña”.

“A fuego”. Consiste en series de toques muy seguidos y alternativos en campana “Grande” y “Pequeña”. En la “Campanica” es, igualmente, un toque muy seguido. Si el fuego es en el monte (ya en desuso), se tocará primero “a concejo”.

“Incordiar”. Se toca a la muerte de una persona y mientras esté en cuerpo presente hasta su entierro. Su toque consiste en dar campanadas alternas en campana “Grande” y “Pequeña”, con la particularidad de que no se dará la siguiente campanada hasta que no finalice el eco de la anterior. Este toque, es capaz de diferenciar si el difunto es una mujer, un hombre o un sacerdote. Esta diferenciación se lleva a cabo mediante las correspondientes “esposas”, es decir: para una mujer se tocarían dos “esposas”; para un hombre, tres y; para un sacerdote, cuatro. Si el difunto era un recién nacido se repicaba.

En este punto hay que recordar un toque especial a favor de las Ánimas del Purgatorio en la noche del día de Todos los Santos. Se “incordiaba” toda la noche y lo hacían, por costumbre, los mozos a cambio de un donativo que conseguían del pueblo. Extinguido.

Se “incordiaba” también mientras duraba la procesión oratoria de los Fieles Difuntos por todo el Cementerio.

También hay que tener en cuenta otros toques que, aunque sólo los voy a mencionar, no por eso dejan de ser menos importantes. Así podríamos hablar de los toques “a Novena”, “a Vigilia”, “a confesar”, en primavera “a la buyada”, “al molino”, “a catequesis”, en fin, cualquier disculpa era buena para dar unas campanadas.

Antes hice alusión a las esquilas o campanillas de las iglesias, pues bien, también tienen sus toques bien diferenciados. Además de tocarse durante “el Gloria” en Semana Santa, se tocaban en la Consagración, en la procesión de la Fiesta Sacramental, en la exposición mayor y menor del Santísimo Sacramento, por la calle cuando se llevaba el viático a los enfermos y, curiosamente, se tocaban al principio de cualquier Oficio para indicar, a los que esperan fuera, que su comienzo es inminente.

CURIOSIDADES DE ALGUNAS CAMPANAS.

La campana más vieja del mundo es la “Tintinnabulum” hallada en 1849 en el palacio babilónico de Nimrod por Ansten Henry Loyard que se remonta a 1100 a. C.

El campanario más antiguo que se conoce está en Pisa (Italia) y data de 1106.

La campana más pesada del mundo es la “Zar Kolokol”, fundida el 25 de noviembre de 1735 en Moscú. Pesa 196 toneladas, mide 5,9 m. de diámetro y 5,87 m. de altura y en algunos puntos alcanza un espesor de 61 cm. La campana se rompió, desprendiéndose de ella un fragmento que pesaba unas 11 toneladas. Desde 1836 la campana permanece, sin tocar, sobre una plataforma en el Kremlin.

La campana más pesada en uso es la “Mingun”, que pesa 90,52 toneladas y tiene un diámetro de 5,09 m. Está en Mandalay (Birmania).

La campana más grande de España se encuentra en la catedral de Pamplona y pesa 11,96 toneladas.

La campana de volteo más pesada del mundo es la “Petersglocke”, en la torre Suroeste de la catedral de Colonia (Alemania). Pesa 25,4 toneladas y tiene un diámetro de 3,40 m.

El carillón más grande del mundo es el del Laura Spelman Rockefeller Memorial, de la iglesia de Riverside, ciudad de Nueva York (EE.UU.), con 74 campanas que pesan 102 toneladas. El bordón, que da el do bajo, pesa 18,56 toneladas. Esta campana, fundida en Inglaterra, con un diámetro de 3,09 m., es la mayor campana afinada del mundo.

 

Toño García @ToGarMos