Es verdad que cada vez entran más ganas de ir a dar al mar, tumbarse a la bartola frente al gran azul y apurar el último trago antes del anochecer, pero nosotros vamos a aprovechar el tirón primaveral para hacer una escapada de interior, muy románica (y romántica), camino de Santiago pero sin llegar, a ese otro Teruel que es Zamora, que también existe. Así es como vamos a dar a la bella Puebla de Sanabria, en la comarca del mismo nombre, adornada por el Parque Natural del Lago de Sanabria, por si fuera poco. Hay mucho para ver por aquí: lo mismo de paisajes que de monumentos. Te damos 10 razones por las que no te lo puedes perder.

1. En un cruce de caminos. Desde antiguo ha hecho las delicias del estratega militar de turno y ahora hace las nuestras. Roza territorio portugués, que siempre es una tentación, coquetea con la verde Galicia y está del lado de León (siempre hay que volver a San Isidoro y su catedral), en Zamora. Además, lo escoltan imponentes montañas (ahí está la sierra de la Culebra).

Puebla de Sanabria

2. Un escenario de película. Ahora que ‘Juego de tronos’ ha venido a ampliar nuestro horizonte y a llevarlo fuera del tiempo y que nos hemos vuelto tan amigos del atrezo medieval, Puebla de Sanabria parece aún más sacada de las bambalinas de la historia. Una villa amurallada con su arrabal, modelada por los ríos Tera y Castro, con forma de espigón y en la frontera con Portugal. No podía ser más estratégica. Perfecta para que libres tus propias batallas (amorosas). Por supuesto su casco urbano es un conjunto histórico-artístico y, atención, a casi 1000 metros sobre el nivel del mar.

3. Hacer turismo callejero. A la Puebla, como la llaman los de allí, hay que patearla, porque sus calles lo merecen. No encontrarás restaurantes cool ni el último concept store de moda, pero tal vez te confirme en tu fe en el ‘háztelo tu mismo’ y la vida slow. Esto es arquitectura tradicional con mayúsculas: casas blasonadas de piedra, como las del poema de León Felipe (con el ‘retrato de un mi abuelo que ganara una batalla’), con balcones, galerías de madera y tejados de pizarra; una iglesia con dos fachadas (atención a la cabeza humana que sobresale en una de ellas), la de Nuestra Señora del Azogue (la patrona); la ermita barroca de San Cayetano y un ayuntamiento de doble arcada con torreones, como pocos, donde los plenos se celebran a la sombra de los Reyes Católicos. A veces, muchas, no hay que irse a Francia para encontrar un canto a lo de antes así.

Puebla de Sanabria

4. Un río para disfrutar. El Tera es de esos ríos vividos. Tiene paseo fluvial de cinco kilómetros de longitud, en el barrio de San Francisco; tiene zona deportiva, de baño y recreo, La Chopera; tiene licencia para la pesca, en tiempos de veda, y tiene un islote. De todo un poco. Nos recuerda a ‘El Jarama’, no al río, que también, sino a la novela de Sánchez Ferlosio (un día de campo en un caluroso domingo, aunque no de verano sino de primavera).

5. Jugar al Exin Castillos. Es lo que tiene un castillo como el de los condes de Benavente (siglo XV), con unas vistas de la comarca que son como él, majestuosas -el río Tera ahí abajo-; un puente levadizo, como suele suceder; y una torre del homenaje, interior y exenta, conocida como la torre del Macho, hoy dedicada a la cosa cultural. Fue una fortaleza inexpugnable; nos lo creemos.

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